Tarjetas Claro: El misterio del lienzo en blanco en la colección de Cartas OH
Andrés Álvarez Garbín – Coach de Cartas OH
De la incomodidad al descubrimiento: Mi experiencia con Claro
Cuando empecé a trabajar con las Cartas OH hace muchos años, motivado por el enamoramiento instantáneo que sentí hacia esta potente herramienta, pasé una larga temporada ignorando por completo las tarjetas Claro. Son tarjetas completamente blancas, no contienen imágenes ni palabras impresas de fábrica. Al principio, debo confesar que ni les prestaba atención; solo las sacaba cuando alguien me preguntaba por ellas porque querían fabricar su propia baraja.
Esto en parte hasta me incomodaba. Mi mente racional no lograba comprender para qué hacían falta: ¿Para qué te vas a poner a crear algo nuevo si ya había un montón de títulos y encima disponíamos de un recurso tan potente como las Cartas OH originales? ¿Para qué iba a ponerme a pintar nuevas cartas? ¿Cuál era la necesidad real? Y esto lo pensaba cuando todavía no existían en el mercado las cartas TanDoo, ni las cartas Resilio, ni la última novedad de la colección, las cartas Inuk.
Este pensamiento, aunque un tanto cerrado, tenía su lógica desde el punto de vista terapéutico: todo el mundo tiene derecho a expresarse artísticamente en consulta a su manera. Sin embargo, a medida que pasaban los años y entramos de lleno en la era de los smartphones, observé un patrón constante en las sesiones: al concluir la dinámica, muchos participantes —si no la mayoría— sacaban su teléfono móvil y le hacían una fotografía a las combinaciones de cartas que habían salido durante la sesión. Este detalle me hizo reflexionar profundamente: si los usuarios sienten la necesidad de capturar una imagen del problema, del mapa y del camino recorrido, ¿por qué no permitirles materializar y llevarse consigo una foto real de la solución, del resultado y de su destino?
Metodología práctica: El resumen del resumen en el cierre de la sesión
A partir de ese hallazgo, integré las tarjetas Claro desde una perspectiva técnica y respetuosa, como una herramienta de refuerzo indispensable al cierre de las sesiones. No existe una forma correcta o incorrecta de utilizarlas; el único límite real es el que marque tu propia creatividad como facilitador. En mis sesiones, las empleo como un ejercicio de concienciación final que dedico a cada participante o paciente.
Durante una sesión con las Cartas OH, que son las que mejor manejo y constituyen la base de mi metodología de trabajo, vamos construyendo una narrativa a medida que extraemos las cartas y trabajamos con ellas. De cada historia se desprenden ciertas ideas clave, a las que denomino perlas: pequeñas ideas que en conjunto nos facilitan acercarnos a una conclusión, o en muchos casos a un pensamiento central que resume la esencia de todo el proceso. Según la tipología de la sesión y las necesidades del participante, en ese punto podremos extraer algún tipo de solución o recurso práctico que ayude a nuestro cliente.
El trabajo con Claro consiste en una dinámica muy breve, de apenas uno a tres minutos. Dado que se realiza al final de la sesión, cuando la persona ya empieza a manifestar el cansancio del trabajo mental realizado, constituye un complemento opcional de alto valor añadido. La consigna debe ser simple, intuitiva y libre de elaboraciones complejas. Al concluir el encuentro, se invita al participante a plasmar sobre la tarjeta blanca un dibujo espontáneo, una palabra clave o una frase integradora que represente lo más significativo y positivo del aprendizaje que acaba de descubrir. La elección del formato es completamente libre y autónoma, y la tarjeta se la lleva el cliente a su casa.
Resultados esperados: Tres niveles de integración para el participante
El valor metodológico de este ejercicio radica en que funciona como un «resumen del resumen» llevado a su mínima expresión. Dependiendo del sentido y de la importancia que el propio usuario le otorgue a su creación en la mesa de trabajo, el resultado puede interpretarse bajo tres niveles de profundidad psicológica:
- Un anclaje funcional: Ocurre si el participante asocia de forma directa la tarjeta a un recurso personal, un estado emocional fuerte o una herramienta específica descubierta durante la dinámica.
- Un símbolo personal: Se genera si el resultado se transforma en una representación analógica y subjetiva que resume de forma poética las conclusiones de su propio proceso interior.
- Un recuerdo tangible: En caso de que el usuario no le otorgue un significado importante ni especial, al menos se lleva consigo un recordatorio físico de la experiencia vivida en la consulta o en la sesión.
En cualquiera de los escenarios, las tarjetas Claro actúan como una herramienta que materializa la sesión, convirtiendo lo que en principio podría quedar en el aire en algo que la persona puede ver, tocar, conservar y guardar en su cartera u oficina como un refuerzo duradero de su superación personal. Como afirma el sabio proverbio clásico:
«Verba volant, scripta manent» (las palabras vuelan, lo escrito permanece).
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